Po: Pablo Emilio Obando A.
Las redes sociales se han convertido en el escenario perfecto para que una mentira viaje más rápido que la verdad. Y justamente eso acaba de ocurrir en Colombia con la falsa versión sobre un supuesto decreto que prepararía el presidente electo, doctor Abelardo de la Espriella, junto al vicepresidente, doctor José Manuel Restrepo, para retirar del servicio activo a funcionarios que hoy reciben una pensión del Estado.
La noticia se difundió con tal velocidad que terminó convertida, para muchos, en una verdad absoluta. Se compartió miles de veces, llegó a grupos de WhatsApp, fue replicada en distintas plataformas digitales y terminó generando un ambiente de tensión, agresividad e incertidumbre, especialmente entre docentes, pensionados y trabajadores del sector público.
Lo más preocupante no fue solamente la rapidez con la que circuló la información falsa, sino el nivel de odio y confrontación que produjo entre colombianos. Insultos, ataques personales, señalamientos y descalificaciones comenzaron a aparecer antes incluso de que existiera una confirmación oficial.
Precisamente buscando actuar con responsabilidad periodística, Obando Acosta, se comunicó directamente con el doctor José Manuel Restrepo, vicepresidente electo de los colombianos, quien aclaró de manera categórica que dicha información es completamente falsa y que no existe ningún decreto encaminado a retirar del servicio activo a quienes hoy reciben una pensión del Estado.
Esta aclaración resulta fundamental, porque pone en evidencia el enorme daño que puede causar una fake news cuando se instala en la opinión pública y comienza a manipular emociones colectivas. Hoy las redes sociales tienen el poder de construir indignación en cuestión de minutos, aun cuando los hechos no correspondan a la realidad.
Y allí es donde debemos hacer una reflexión profunda como sociedad. No podemos seguir permitiendo que el odio, la desinformación y los intereses políticos conviertan cualquier rumor en una herramienta para dividir a Colombia. Las diferencias ideológicas son normales en democracia, pero otra cosa muy distinta es alimentar campañas basadas en noticias falsas cuyo único propósito parece ser generar caos, miedo y confrontación.
Criticar a un gobierno es legítimo. Cuestionar las decisiones públicas también lo es. Pero las críticas deben surgir de hechos reales, no de rumores fabricados para indisponer a los colombianos entre sí o para intentar desestabilizar anticipadamente a quienes aún ni siquiera han comenzado a gobernar.
Tal vez llegó el momento de recuperar la serenidad. De verificar antes de compartir. De entender que no todo lo que aparece en redes sociales es cierto. Y, sobre todo, de comprender que cuando una sociedad pierde la capacidad de distinguir entre verdad y mentira, termina siendo víctima de quienes utilizan la desinformación como arma política.
Colombia necesita menos odio digital y más responsabilidad colectiva. Porque una mentira repetida mil veces no deja de ser mentira, aunque logre hacerse viral.
