El puertorriqueño de 33 falleció casi 11 años después de sufrir una grave lesión cerebral durante su última pelea profesional y pasar 221 días en coma. Había llegado invicto al combate y tenía por delante una carrera que parecía destinada a grandes escenarios.
Prichard Colón, era una joven promesa del boxeo de 23 años en pleno auge y, con un impresionante registro 16-0 (13 victorias por nocaut), llegaba invicto para enfrentar a Terrell Williams. Un luchador estadounidense que arribaba con 14-0 a su favor y 12 KO en su cuenta.
La pelea se iba a disputar en el EagleBank Arena de Fairfax (Virginia) y el espectáculo, que formaba parte de la cartelera de Premier Boxing Champions, estaba asegurado. No había un juego un título, sino dinero y prestigio. Sin embargo, nadie se iba a imaginar la tragedia en la que terminaría aquella noche del 17 de octubre del 2015.
En un cerrado combate, ambos púgiles intercambiaron varios golpes, pero el puertorriqueño se llevó la peor parte: una serie de puñetazos ilegales en su nuca dejaron desorientado a Colón y su equipo tiró le sacó los guantes en el noveno round, por lo cual el latino fue descalificado. Luego, el centroamericano comenzó a vivir una pesadilla: la confirmación de daño cerebral irreversible, un coma 221 días, el despertar para vivir en estado vegetativo por más de una década y, finalmente, su fallecimiento con 33 años. El mismo, fue confirmado por su familia en redes sociales durante este jueves.
Trágico anuncio
«Buenos días, mi gente. Lamento informarles la partida de mi hijo Prichard de este mundo terrenal. Ahora está en mejor mundo. Hice todo lo posible por cumplirle su deseo, su sueño de traerlo de vacaciones a Puerto Rico, como tanto él quería. Gracias por tantos años de amor y oraciones», dijo Richard Colón, padre del fallecido, en su cuenta de Facebook.
Una pelea que cambió una vida
El gran catalizador se dio en el quinto asalto. Con o sin intención, el boricua le dio un golpe bajo a su rival y el estadounidense cayó a la lona por el dolor en sus partes íntimas. El juez paró la pelea y marcó la infracción. A partir de ahí, Williams, que ya había conectado un par puñetazos ilegales en la nuca de la cabeza de Colón, arrancó a repetir esa sucia técnica continuamente.
El más grave de todos ocurrió cuando faltaban 34 segundos en el séptimo round de los 10 posibles: el americano midió la distancia y, con el puertorriqueño casi de espaldas, le metió un golpe de lleno. El caribeño rápidamente se tiró al piso de la conmoción. Pero el californiano no paró de buscar la cabeza de su adversario. La situación se volvió insostenible y sus entrenadores le sacaron los guantes a la joya para terminar el evento.
«Mami, estoy mareado. No puedo ver», le dijo la promesa de entonces 23 años a su madre tras bajar del ring. Algo estaba claramente mal, no era únicamente una derrota. Después llegaron los vómitos en el vestuario, el no poder controlar su cuerpo y una internación en estado crítico.
La última década del púgil
El parte médico oficial fue un hematoma subdural y lo cierto es que el cerebro del luchador nunca volvió a funcionar de la misma forma. El hombre, que soñaba con ser campeón del mundo, quedó sin capacidad de habla e inició sesiones de terapia para aprender a moverse nuevamente. Williams no fue sancionado y volvió a pelear recién en el 2017, logrando un par de victorias, pero desde una derrota en el 2019 no se volvió a subir al ring. Sus secuelas, si bien no físicas, iban por dentro…
Paralelamente, Colón estaba en silla de ruedas, con su familia siempre al lado hasta el último suspiro. Lo mismo que cuidadores durante las 24 horas. No era vida. ya no soñaba con el estrellato.
No obstante, tampoco fueron todas malas: en junio de 2021, Prichard fue nombrado campeón honorario del CMB y le otorgaron su preciado cinturón verde y oro. Ese que soñó cuando era un niño y que consiguió, a pesar de los obstáculos que le puso la vida, antes de irse de este mundo con 33 años.
Tomado de: Ole.com.ar
