La valentía también tiene rostro de mujer y se trata de una nariñense que nació con una historia de vocación y servicio que honra a los 135 años de la Policía Nacional
La suboficial es oriunda del municipio de Sandoná, ubicado al noroccidente de Nariño, hasta las filas del Grupo de Operaciones Especiales, esta subintendente ha construido una trayectoria de 11 años y 8 meses, marcada por la disciplina, el compromiso y la valentía de servir a Colombia.
En el marco de los 135 años de la Policía Nacional, el Departamento de Policía Nariño exalta la trayectoria de la subintendente Leidy Paola Castillo Vargas, una mujer oriunda de Sandoná que, a través de su vocación, preparación y determinación, ha dejado huella en diferentes escenarios del servicio policial, convirtiéndose en ejemplo de entrega y valentía al servicio de los colombianos.
Hay sueños que nacen desde la admiración y se convierten, con el paso del tiempo, en proyectos de vida. Para la subintendente Leidy Paola Castillo Vargas, vestir el uniforme de la Policía Nacional siempre fue uno de esos sueños. Desde muy joven sintió una profunda admiración por esta profesión, sin imaginar que aquella ilusión la llevaría a construir una trayectoria destacada al servicio de los colombianos.
Oriunda del municipio de Sandoná, tiene 33 años y lleva consigo el orgullo de representar a su tierra a través de una vocación que comenzó a materializarse el 10 de febrero de 2015, cuando ingresó a la institución. Desde entonces, han transcurrido 11 años y 8 meses de experiencias, aprendizajes, desafíos y momentos que han fortalecido su carácter y reafirmado su decisión de servir a Colombia.
Durante su trayectoria ha pasado por diferentes unidades y especialidades. Inició su recorrido en el grupo de Fuerza Disponible del Distrito de Policía Sandoná; posteriormente hizo parte del Modelo de Policía Orientado a las Personas y los Territorios, prestó sus servicios en una unidad de relevo en el municipio de El Charco y en la Subestación de Policía Pedregal. Cada uno de estos escenarios le permitió conocer distintas realidades del territorio y asumir nuevos retos en el cumplimiento de su labor.
Su compromiso y capacidad de servicio también se han reflejado en procedimientos que han dejado huella en su carrera. Uno de ellos fue la recuperación de un menor de edad que había sido secuestrado en el municipio de Buenaventura. Gracias a las labores policiales, el niño fue localizado en la frontera con Ecuador, en el Puente Internacional de Rumichaca. Por su participación en este importante resultado, recibió una felicitación especial en el Distrito de Policía Ipiales, un reconocimiento que representa el valor de una labor policial orientada a proteger la vida y la integridad de las personas.
Su preparación y disciplina también han sido protagonistas de su crecimiento profesional. Durante la realización del curso de Operaciones Especiales, en el que participaron seis mujeres, Leidy Paola se destacó por su desempeño, obteniendo la insignia como mejor mujer del curso. Este reconocimiento evidenció su dedicación, fortaleza y capacidad para asumir los exigentes desafíos de esta especialidad.Su trayectoria operativa fue reconocida igualmente en la Dirección General de la Policía Nacional, en Bogotá, donde recibió la Medalla al Mérito del Servicio de Vigilancia Patrullero Víctor Manuel Chía, por el mejor caso operativo a nivel nacional. Una distinción que destaca su participación en procedimientos relevantes y se suma a los reconocimientos obtenidos durante sus años de servicio.
Actualmente integra el Grupo de Operaciones Especiales (GOES) del Departamento de Policía Nariño, unidad a la que pertenece desde hace dos años y cuatro meses. Allí, su preparación, disciplina y determinación han sido fundamentales para afrontar las exigencias de una especialidad operativa que demanda fortaleza, compromiso y capacidad de respuesta ante situaciones complejas.
Uno de los episodios que ha puesto de manifiesto su valentía se presentó recientemente en el municipio de Policarpa, Nariño, durante hechos de hostigamiento y alteración del orden público. En medio de estas circunstancias, Leidy Paola estuvo junto a sus compañeros, haciendo frente a una situación que exigía determinación y compromiso. En esos momentos, su pensamiento estaba en cumplir la misión, proteger la integridad de quienes la acompañaban y regresar todos sanos y salvos, porque sabía que en casa había personas esperando su regreso.
Sin embargo, detrás de la uniformada que enfrenta los desafíos de las operaciones especiales existe una mujer que encuentra en su familia la razón para continuar. Sus padres y su hermano son sus principales motivaciones, las personas a quienes dedica cada uno de sus triunfos y quienes representan ese apoyo fundamental en los momentos de mayor exigencia. Aunque no tiene hijos, reconoce que siempre hay alguien que la espera en casa y que le recuerda el valor de regresar después de cada jornada.
Para Leidy Paola, ser mujer policía y desempeñarse en escenarios operativos representa también una oportunidad para demostrar que las mujeres tienen la capacidad de asumir grandes responsabilidades, superar obstáculos y alcanzar todo aquello que se proponen. Su ejemplo se ha convertido en una inspiración para sus compañeras, a quienes procura brindar apoyo, tenderles la mano y motivarlas a seguir adelante.
A las niñas y jóvenes que sueñan con vestir algún día el uniforme policial, les deja un mensaje de esperanza y determinación: esta es una gran profesión; las mujeres estamos hechas para grandes cosas, siempre podemos alcanzar nuestros propósitos y debemos luchar por contribuir a un mundo mejor, trabajando por la seguridad y el bienestar de los demás.
En el marco de los 135 años de historia de la Policía Nacional, la trayectoria de la subintendente Leidy Paola Castillo Vargas representa una de las tantas historias de mujeres que, desde diferentes rincones de Colombia, han encontrado en el servicio una manera de transformar vidas, enfrentar desafíos y aportar a la construcción de un país mejor.
Su historia no se resume en los años de servicio, las unidades por las que ha pasado o las condecoraciones recibidas. También habla de una mujer que persiguió un sueño, que encontró en su familia su mayor fortaleza y que, con valentía, disciplina y vocación, continúa escribiendo su propia historia al servicio de Colombia.
