Quiso escapar de las disidencias y la ejecutaron.
En Tibú, Norte de Santander, una familia llevaba meses esperando que una puerta volviera a abrirse, por el regreso de una de sus integrantes que fue llevada a la fuerza por integrantes de las disidencias.
Se trató de Mónica Lizeth Beltrán, de tan solo 13 años de edad, quien cursaba séptimo grado de bachillerato y que, hasta abril de este año, compartía su vida con su padre y sus hermanos.
La adolescente era una niña de familia humilde campesina, que siempre la vieron correr jugar y juiciosa con sus labores de la casa y sus estudios, pero el grupo armado Frente 33 de las disidencias, se la llevó a la fuerza y en un intento de huir la ejecutaron. Los menores de edad que crecen en medio de las dificultades en el Catatumbo.
El pasado 2 de abril de 2026, hombres armados llegaron hasta su vivienda ubicada en el sector de Villas del Río, y se la llevaron por la fuerza. Mónica quedó lejos de su familia y en poder de las disidencias de las Farc.
Desde el primer momento que se la llevaron reclutada a la fuerza, comenzó un calvario la vida de su padre Ramón Darío Beltrán, quien tenía la esperanza que se la regresan.
Durante meses le suplicó a la guęrrilla que le devolvieran a su hija, pero como respuesta recibió amenazas contra otros integrantes de la familia. El temor obligó a sus seres queridos a guardar silencio y algunos de sus hermanos tuvieron que cambiar de lugar de residencia por seguridad.
Ramón Darío, apenas pudo verla una vez, mediante una videollamada, mientras seguía aferrado a la esperanza de volver a tenerla en casa, pero los insurgentes nunca la devolvieron.
Las esperanzas de volverla a ver en casa, se terminaron el domingo 20 de septiembre de 2026, cuando una llamada terminó por derrumbar a la familia. Al otro lado de la línea le informaron a Ramón que su hija había muerto. Poco después recibió otra llamada y, posteriormente, un video relacionado con la muerte de la menor.
Según versiones, Mónica habría intentado escapar junto con otros tres menores, de los cuales tres lograron huir mientras que Mónica no alcanzó. De acuerdo con la Asociación Nacional de Víctimas, su muęrte habría sido una represalia por ese intento de fuga.
Posteriormente, el cuerpo de Mónica fue recuperado en una zona rural de Tibú y trasladado para que su familia pudiera despedirla. Tenía apenas 13 años, una familia que llevaba meses esperando su regreso, un colegio al que debía volver y una vida que apenas comenzaba.
Su muerte terminó convirtiéndola en una nueva víctima de una violencia que, una vez más, terminó arrebatándole la infancia a una niña que nunca eligió la guerra, sino que la guerra se la llevó a la fuerza.
Su padre dijo, “Mi hija ya no existe, pero hay muchos papitos que están sufriendo”. En el Catatumbo, habrían muchos menores de edad que selo habrían llevado a la fuerza al campo de combate contra la Fuerza Pública.
