La Universidad de Nariño, ubicada en la ciudad de Pasto, capital de los nariñenses, fue escenario de disturbio por la manifestación masiva, pero en absoluto rechazo al proyecto político del gobierno de Abelardo de la Espriella como una imposición de la burguesía ajena a la voluntad del pueblo.
Los manifestantes denuncian que las políticas estatales responden a una agenda de sumisión frente al imperialismo extranjero y entregan el control de los recursos del país.
Así mismo, rechazan la reactivación de la estrategia del enemigo interno, donde el gobierno utiliza la inteligencia militar para criminalizar y estigmatizar a estudiantes, docentes y líderes sociales.
Finalmente, los universitarios rechazan el modelo opresor que impulsa reformas laborales precarias, privatiza los recursos naturales como ríos o páramos y pretende desmantelar el pensamiento crítico en la educación pública.
Los manifestantes indicaron que continuarán con los procesos de rechazo y reclamos al gobierno actual por sus políticas que van en su mayoría en contra del pueblo.
Ante la manifestación, los estudiantes enviaron un comunicado explicando la razón de bloquear una principal vía
“El pueblo colombiano enfrenta ahora uno de los momentos más adversos de su historia reciente, este nuevo ascenso de la ultraderecha representada en el gobierno De la Espriella, ubica a nuestro país de manera abierta y descarada en una posición de sometimiento frente al imperialismo gringo y el sionismo. Esta situación lamentable no responde al azar de la política, por el contrario, es una expresión concreta de la disputa del poder global, en la que Estados Unidos en su desesperación por defender su posición hegemónica en el mundo despliega sus redes criminales por toda América Latina, la que considera su “patio trasero”, Para garantizar su dominio sobre los recursos y posiciones estratégicas que oxigenen al capitalismo y sostengan las ganancias para los magnates Yanquis. Es dentro de esta lógica que emprenden golpes militares, intervienen las “democracias”, manipulan a la Opinión pública y reparten el terror sobre quiénes no se sometan, Con este contexto, manifestamos nuestro rechazo al actual gobierno, reafirmando que a Abelardo no lo escogió el pueblo, lo impuso la Burguesía.
Transcurridas sólo un par de semanas desde la posesión ha quedado en plena evidencia el carácter vende patria del actual gobierno, un ejemplo puntual de ello ha sido la gestión de la emergencia por el terremoto que afectó a buena parte de la población del suroccidente colombiano, en la que, a la vista de todo el mundo, se priorizó abrir las Puertas a militares sionistas (con sus manos manchadas de sangre Por el genocidio en Palestina), antes que aceptar la ayuda humanitaria de países con experiencia en la materia, pero que no pudieron ingresar Porque estos países no están del todo alineados con la política imperialista gringa y la ocupación sionista. Este hecho reciente es una pequeña muestra de lo que nos espera: explotación, miseria, y persecución para el pueblo mientras Nuestro país se reparte entre potencias mundiales genocidas. Con este mismo carácter, ya se han anunciado políticas de precarización del trabajo, para afectar a las mayorías trabajadoras y beneficiar al Capital; ya se ha Puesto precio a los ríos y páramos, ya se planean reformas educativas y Culturales para eliminar todo pensamiento crítico… “sacar a Marx de las aulas y meter a dios” no es más que intentar quitarnos las herramientas científicas para comprender y transformar la realidad, para en su lugar ocupar las mentes con la perorata moralista que justifica las injusticias.
Es de especial atención la política de seguridad promovida por el gobierno, sobre esto advertimos y denunciamos que, como país nos encontramos frente a un relanzamiento del proyecto paramilitar y la doctrina del enemigo interno, fortalecida con la participación directa de los organismos de inteligencia y fuerzas militares gringas e israelíes. Cabe recordar que ese “enemigo interno”, es nuestro pueblo, los docentes críticos, los estudiantes comprometidos, los trabajadores inconformes, los defensores de Derechos Humanos, los ambientalistas, los líderes sociales, los artistas incómodos, los pueblos originarios, en conclusión: la clase trabajadora colombiana. En ese entendido, toda la Campaña de estigmatización y criminalización emprendida desde el discurso, desde los medios de comunicación y redes sociales no es inocente, es el primer paso para legitimar el exterminio.
Los tiempos difíciles no nos deben llevar al miedo o a la inmovilidad, es preciso darle la vuelta al tablero, hacer de la adversidad una oportunidad para levantar las banderas de la dignidad y lanzarse a la lucha… luchar contra el capitalismo y el imperialismo, contra los genocidas y quienes justifican esa barbarie. Es el tiempo de organizarnos, de movilizarnos, de legitimar todas nuestras formas de lucha de crear un gran frente desde la academia, el trabajo, el arte, la cultura, el campo, las identidades, etc. No solo para resistir, sino para avanzar en la conquista de una de una sociedad emancipada, libre de la dominación extranjera, libre de la explotación de nuestras vidas y nuestros recursos, libre del cáncer del fascismo”.
