El horror que desfiguró la vida de María Consuelo Córdoba, hace 26 años, no solo dejó cicatrices en su cuerpo, también desnudó las fallas de un sistema que olvidó a la víctima que han pasado tantos años de impunidad, mientras el agresor vive feliz.
La víctima, hoy contempla la eutanasia como única salida a un dolor crónico insoportable que tiene que aguantar todos los días, mientras que su agresor vive en total libertad, es decir el caso se quedó en la impunidad, pero resuena el caso después de 26 años cuando la mujer pidió la eutanasia.
De acuerdo a información, la historia se remonta al año 2000, cuando María Consuelo, de 58 años años, migró de Istmina, Chocó, a la ciudad de Bogotá buscando un mejor futuro y una mejor vida.
Narran que María Consuelo, se negó a regresar al Chocó como se lo exigía su esposo. La respuesta fue un ataque premeditado con ácido sulfúrico que destruyó su rostro, su nariz y su boca.
Es así que fueron 3 años de hospitalización, donde le realizaron cerca de 90 cirugías reconstructivas de su rostro, pero no quedó bien. Hoy ella respira por dos tubos artificiales y usa máscara permanente y así recorre la ciudad buscando como sobrevivir.
Afirman que tras conocerse el caso de la mujer chocuana, lo colombianos quedaron realmente indignados, mientras ella ha tenido que pedir ayuda en TransMilenio para pagar una habitación en Puente Aranda.
Según testimonios de la víctima, su agresor nunca pagó cárcel, rehízo su vida con otra mujer, mientras que ella padece los peores momentos de su vida hace 26 años.
Los colombianos al conocer la historia de María Consuelo, se preguntan ¿Por qué quedó libre su agresor? En el año 2000 los ataques con ácido eran judicializados como simples ‘lesiones personales’, con penas mínimas y excarcelables. La Ley Natalia Ponce de León de 2016, que hoy castiga hasta con 50 años de cárcel, no puede aplicarse de forma retroactiva.
Para La Voz de los Derechos, este caso es el recordatorio más doloroso de una deuda histórica con las víctimas de violencia de género. Piden a las autoridades que se interponga una nueva demanda o denuncia contra su agresor para que se haga justicia por el daño que le causó hace 26 años, donde la vida de su expareja quedó por el piso y por los fuertes dolores pidió la eutanasia.
“Yo tengo que pedir limosna, montarme en los Transmilenio, montarme en los buses, a pedir limosna para comprar esas cosas”, afirmó la mujer, que vive en una habitación en la localidad de Puente Aranda. De acuerdo con su testimonio, paga cerca de 500.000 pesos mensuales por el alquiler.
Sin embargo, uno de los empresarios reconocidos en el país como Arturo Calle, al escuchar la noticia de María Consuelo de manera urgente se pronunció y lo primero que hizo fue anuncia con ayudarle con una vivienda y lo segundo también señaló que busca entregar un incentivo económico para avanzar en su recuperación, así de esa manera tratar de evitar que se resista a la eutanasia.
“Mientras uno tenga y Dios le haya dado todo lo que le ha dado, uno no puede dormir después de escuchar una persona de estas”, afirmó.
