A escasas horas de entregar su mandato, señor presidente, y como sargento en uso de buen retiro del Ejército Nacional de Colombia, no me queda más que manifestarle mi total agradecimiento por su labor cumplida.
Le agradezco por haber dignificado la labor de miles de soldados y policías en nuestro país, y por darle la importancia merecida a aquellos que nunca habían tenido voz ni representación: los mal llamados héroes, utilizados para una foto o para levantar la mano en una carretera en señal de saludo, siendo en su mayoría ignorados; los mal llamados héroes, como si se tratara de protagonistas de una película de Marvel, cuando en realidad son seres humanos con un montón de necesidades que ningún gobierno se había atrevido a solucionar. Como si portar un uniforme y un fusil fuera suficiente para mejorar la calidad de vida de miles de familias.
A pesar de que algunos, no se atreven a reconocer la política de bienestar que usted implementó en el sector defensa y se enfocan en los errores que se cometieron. Negar los logros es estar alejado de la realidad.
El histórico aumento salarial de nuestros soldados y policías ningún gobierno lo había hecho, y con total seguridad podría decir que ningún gobierno lo volverá a hacer. Asimismo, el mejoramiento de su alimentación, la educación gratuita en las escuelas de formación, aumentó del subsidio de vivienda, se facilitó el acceso a programas de formación técnica, tecnológica, universitaria.
Además, logró hacerle entender a los mandos que ellos no eran los dueños de las instituciones, sino empleados públicos pagados con los impuestos del pueblo, y que si cometen irregularidades podrían ser denunciados, investigados, llevados a la cárcel o retirados de sus cargos. Antes esto no ocurría; imperaba la ley del silencio.
En algún momento hablé con un general que hacía parte de la cúpula militar y me manifestó su asombro por cómo los medios y la oposición engañaban a la gente con la falsa retórica de que las Fuerzas Militares estaban atadas de manos. Me dijo: «Alexander, lo que nosotros necesitemos, el presidente nunca nos dice que no; todo requerimiento nos lo aprueba. Es triste que digan que nos tiene desmoralizados».
Cuando lo escuché, me pregunté si el país realmente estaba preparado para tener un presidente como usted. Hoy debo responder que no. Seguimos siendo una patria boba, sumisa y resignada, que se acostumbro a vivir de las migajas de las élites.
En Colombia se tilda de “revolucionario” a quien piensa diferente, como si se tratara de un delito. Pero se olvida que Jesús fue revolucionario y que Bolívar también lo fue. Ser revolucionario es tener la capacidad de impulsar y participar en un cambio profundo y veloz en la sociedad y en las estructuras de poder. En este país, ser revolucionario es motivo de honor y de orgullo.
Presidente: en 2022 fui candidato al Senado con su apoyo. Incluso usted luchó para que no me retiraran de esa lista cerrada. Y hay que decirlo: dentro del mismo Pacto Histórico hay dirigentes ambiciosos, perversos y oportunistas, acostumbrados a usar el discurso de clase para su conveniencia, gente que no tiene buenas intenciones.
Con usted tengo un agradecimiento muy grande, a pesar de que varios funcionarios intentaron romper nuestra cercanía. Le recuerdo, por ejemplo, aquel día en que usted viajaba en un avión y le enviaron un video para insinuar que yo estaba cometiendo un acto ilegal. Sé quién estuvo detrás, pero lo pasado, pasado está.
Mis denuncias han incomodado a personas con poder, tanto político como militar. Lo importante es que seguimos vivos y que el trabajo continuará.
Por último, presidente: medio país espera que, bajo su liderazgo, se consolide una verdadera unión, donde los auténticos líderes regionales tengan voz y no sigan siendo los cargaladrillos de los mismos de siempre.
Los mejores éxitos, presidente, y que Dios lo bendiga.
Sargento retirado Alexander Chala.
